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EL PCV Y AQUÉL 23 DE ENERO... /Por: Gustavo Medina Aguillón

Tomado de Tribuna Popular


Domingo 24 de Enero de 2010 16:48


EL PCV Y AQUÉL 23 DE ENERO... 
Por: Gustavo Medina Aguillón

Publicado por Tribuna Popular

Me he motivado a escribir estas líneas, como una forma de rendir un humilde tributo a mi padre y a otras personas que, como él, fueron anónimos héroes del pueblo, en la gloriosa jornada del 23 de enero de 1958.

Siempre recuerdo cómo mi padre nos narraba, a mí y mis hermanos, con evidente emoción cada 23 de enero, las vicisitudes por la que pasaron, los militantes del Partido Comunista de Venezuela, en los días previos al levantamiento popular.

En esos días, nos contaba, se había salvado en la rayita, de que lo encarcelaran, porque al detenerlo una patrulla de la Policía Militar, frente al Liceo Fermín Toro, cuando distribuían volantes con llamados al paro general, logró milagrosamente deshacerse de ellas a través de una rendija de la “jaula” en dónde lo montaron. Luego, al revisarlo y no conseguirle nada comprometedor, lo soltaron junto a otros estudiantes y obreros, en la avenida Sucre.

En una casa de San Agustín del Norte, el Partido Comunista instaló una fábrica clandestina de bombas, allí la línea de producción la comandaba el ingeniero químico coriano José “Chente” Acosta. Allí trabajaban noche y día, manipulando explosivos caseros, altamente peligrosos, entre otros: Federico Montenegro, Argelia Laya, la queridísima y recordada “Negra”, que luego se haría famosa por su combatividad. También estaban algunos militantes adecos, como Nela Carmona y Carlos Serra. Eran otros tiempos, AD se hacía llamar “el partido del pueblo” y sus dirigentes ocultaban sus verdaderos propósitos a la mayoría de sus seguidores, pero en fin, esa es otra historia.

Manuel Pérez Rodríguez “Perecito”, Mercedes “Chela” Vargas, Aurora Martínez, joven estudiante que cayó herida gravemente el 23 de enero, el poeta León Levy, fueron activos militantes que en distintos puntos de la ciudad tenían en jaque a los miembros de la Seguridad Nacional y de la Policía Militar, que realizaban razzias en los barrios, tratando de dispersar las protestas que fueron ganando terreno en los días previos al 23.

En un sector de la cota 905, grupos de obreros y estudiantes, junto a habitantes de la zona, quitaron las alcantarillas y emboscaron a una patrulla de la Policía Militar, hubo intercambio de disparos y heridos; los jóvenes subían hacia la parte alta del barrio y allí los vecinos les proporcionaban ropas para cambiar de apariencia y así burlar a los soldados. Luego volvían a salir por otro sitio distante, bombas y piedras en mano, para enfrentar a los soldados.

Todos los 23 de enero, desde que tuve memoria, mi padre solía destapar una botella de licor, y así fuera sólo, brindaba por sus recuerdos de esa jornada, y nos decía con mucho dolor que Betancourt, Villalba y los otros seudo-líderes de la democracia puntofijista, traicionaron el espíritu popular de ese levantamiento.

La militancia, la dirigencia y los simpatizantes del PCV, tuvieron una destacadísima participación en la organización, planificación y ejecución de las acciones para derribar la dictadura. Hoy, muchos de aquéllos han fallecido, pero las banderas que un día enarbolaron por los deseos de redención del pueblo, están intactas y en buenas manos.

No puedo evitar un sentimiento de emoción, y por eso quiero rendir un sentido homenaje a los miembros del PCV que constituyeron el muro que enfrentó la dura represión en esa gloriosa jornada: Alonso Ojeda Olaechea, Alcides Rodríguez, Jesús Farías, Pedro Ortega Díaz, José Rafael Nuñez Tenorio, Argelia Laya, Federico Montenegro, Enrique Vásquez Fermín, Ramón Daniel Medina, León Levy, José “Chente” Acosta, Hugo Fernández Oviol, Feijoo Colomine Solarte, José Ángel Porteacero, Carmen Conzoño, todos ya fallecidos; y también a Mercedes “Chela” Vargas, Manuel Pérez Rodríguez “Perecito”, José Manuel Catarí; además de otros valientes camaradas que desde el exilio o de la cárcel también contribuyeron al éxito de las acciones: Ernesto Silva Tellería, Gustavo Machado, Eduardo Machado, Trino Márquez, Rafael Thielen, Omar Hurtado y muchísimos otros que escapan de mí memoria, pero no del corazón y el afecto del pueblo venezolano.

gustamed@cantv.net

EL PAPEL DE LAS FUERZAS POPULARES Y LA BURGUESÍA EL 23 DE ENERO DEL 58

Tomado de Tribuna Popular

Viernes 22 de Enero de 2010 20:25

Documento histórico del PCV del año 1961 publicado en la revista “Principios” 
El papel de las fuerzas populares y la burguesía el 23 de enero del 58

Especial de Tribuna Popular TP.- El 23 de enero de 1958 el pueblo venezolano derrocó el gobierno de traición nacional de Pérez Jiménez, abriendo para nuestra Patria perspectiva de desarrollo democrático y de liberación nacional. .

La victoria del 23 de enero fue conquistada por un amplio frente de clases, partidos políticos y grupos militares, que de hecho representaban a la inmensa mayoría de la nación. En tal frente, es necesario destacar y comprender el papel desempeñado por las fuerzas populares, de una parte y, de la otra, por sectores de la gran burguesía.

Las fuerzas populares concibieron y pusieron en práctica una táctica de amplia unidad y lucha de masas contra la dictadura. Fueron ellas las que realizaron el movimiento insurreccional del 21 de enero, el cual, unido a la acción militar, provocó la caída de la dictadura.

Pero dichas fuerzas no tenían suficiente claridad acerca del tipo de gobierno que debía sustituir a la dictadura, ni acerca de los objetivos que en el fondo perseguían las diversas fuerzas que participaran en el frente anti-dictatorial, especialmente los sectores de la gran burguesía.

Los sectores de la gran burguesía participaron a última hora en el frente unitario coincidiendo con las otras fuerzas en el propósito de derrocar a la dictadura, pero toda su actuación estuvo guiada por el objetivo de mantener el poder político para sí, conservar intacta la estructura del estado, contener el movimiento democrático, frenar las transformaciones anti-feudales y de liberación nacional y enmarcar el proceso político venezolano en el estrecho campo de las lentas reformas que no resuelven los grandes problemas del país ni de las masas. Además, este objetivo de la gran burguesía fue facilitado por un conjunto de condiciones desfavorables para el movimiento popular, tales como:

a) La unidad popular no estaba respaldada por fuerte organizaciones de masas ni disponía de instrumentos de combate creados por ellas en el trascurso de la lucha.

b) El grado de combatividad de las masas no era uniforme en escala nacional, lo cual se evidenció en el desnivel de la lucha entre Caracas y el interior, entre la clase obrera y los campesinos, entre el estudiantado y la clase obrera, etc.

c) La clase obrera, sus organizaciones específicas y su Partido no se habían recuperado de los duros golpes sufridos en el trascurso de la lucha anti-dictatorial.

Por eso la gran burguesía pudo fácilmente imprimirle al gobierno provisional su orientación de clase y los órganos de poder no sufrieron mayor deterioro ni depuración, a pesar de la destacada participación de grupos militares descontento contra la dictadura.

La insuficiente claridad en la dirección de las fuerzas populares impidieron que fueran superadas las dificultades, lo que hubiera sido posible en buena parte apoyándose en las masas populares y utilizando audazmente las brechas, las contradicciones y la descomposición de la dictadura. Además, contribuyó a aminorar la resistencia a las soluciones que la gran burguesía daba a la crisis política.

Así la dictadura de los elementos más reaccionarios y terroristas de las clases dominantes es sustituida por gobiernos de los sectores conciliadores y vacilantes de la burguesía, en los cuales fue cobrando fuerte influencia la gran burguesía pro-norteamericana.

Por estas razones el 23 de Enero no logra cambios importantes en la estructura del país.

Sin embargo, el 23 de Enero se conquistó un clima de amplias libertades políticas y sindicales; se asestó un duro golpe a la política de los monopolios norteamericanos, los cuales se valían de la tiranía para saquear impunemente las riquezas nacionales y a los fomentadores de la guerra que consideran a Venezuela su arsenal y su plaza de armas en el Caribe. Se reestructuró unitariamente el movimiento popular y obrero; surgieron las organizaciones sindicales unitarias; se organizó el campesinado en escala antes desconocida; se formaron potentes organizaciones de masas; las movilizaciones del pueblo, en numerosas acciones de calles, aumentaron la conciencia de sus propias fuerzas. Cobró impulso el desarrollo de la conciencia nacional, democrática y patriótica. El Partido Comunista rodeado del cariño del pueblo, cobró características de gran partido nacional, revolucionario y de masas.

Se abrió un periodo de luchas en el curso del cual las clase populares de haber estado previstas de una concepción más justa de la realidad, hubiesen podido, mediante el heroísmo y el ímpetu revolucionario y la forja de poderosas organizaciones de combate, crear condiciones favorables para iniciar transformaciones profundas en la sociedad venezolana.

Tal es el caso de las grandes jornadas anti-golpistas de 1958, de las grandiosas manifestaciones anti-imperialistas contra Nixon y de las batallas libradas durante el proceso electoral, que plantaban la posibilidad real de modificaciones gubernamentales favorables para las fuerzas progresistas y democráticas.

Debido a que no se logró quebrantar el poderío de los monopolios extranjeros y las clases dominantes es que confrontamos hoy una ofensiva reaccionaria contra las libertades democráticas y un sometimiento creciente de nuestro país a los intereses anti-nacionales.

Las enseñanzas principales del proceso del 23 de Enero para las fuerzas populares y revolucionarias –incluyendo a nuestro partido- son:

1º. Que ellas deben actuar con energía y decisión en todo momento, especialmente en los periodos de crisis revolucionaria.

2º. Que en la lucha política, las clases, tanto las enemigas como las amigas de la clase obrera, tienen definidos objetivos de Poder. Por tanto, la clase obrera, su partido y las otras clases revolucionarias han de tomar en cuenta siempre las perspectivas de Poder, la necesidad de que este pase a sus manos.

3º. Que no basta la existencia de una vanguardia, por aguerrida que ésta sea, para que las fuerzas revolucionarias tomen el poder, sino que es necesario que existan además determinadas condiciones favorables, fuerzas organizadas capaces de aplicar las más variadas formas de luchas por el poder hasta conquistarlo y luego mantenerlo y derrotar la contra-ofensiva de los enemigos de la revolución. Esta enseñanza eleva la responsabilidad del Partido en las tareas por la organización y dirección de las masas.

Fuente: Revista Principios del Comité Central del Partido Comunista de Venezuela, Año III, Nº 11, Caracas, Octubre de 1961.